El ecosistema marino que hay detrás del avistamiento de ballenas en Gran Canaria
Gran Canaria no tiene que esforzarse por demostrar su valor como destino para los cetáceos: la geografía ya se encarga de ello. La costa suroeste desciende abruptamente bajo la superficie del agua casi de inmediato, lo que hace que el hábitat de aguas profundas se encuentre a poca distancia de la orilla. Las corrientes ascendentes frías y ricas en nutrientes procedentes de las profundidades del Atlántico se mezclan con las aguas superficiales más cálidas, creando un entorno rico en alimento que hace que las poblaciones residentes de ballenas y delfines se queden aquí todo el año. De las 79 especies de cetáceos que se conocen en todo el mundo, más de 30 han sido avistadas frente a las costas de Gran Canaria, lo que supone que más del 30 % de la diversidad mundial se concentra en un solo lugar.
El Gobierno de Canarias regula el avistamiento de cetáceos desde el Decreto 320/1995, reconociendo que esta actividad contribuye a la conservación cuando se lleva a cabo de forma responsable. Las embarcaciones que cuentan con la certificación «Barco Azul» —una bandera amarilla con un logotipo azul que se exhibe en la embarcación— están autorizadas tanto por el Gobierno de Canarias como por el Ministerio de Medio Ambiente de España. Las normas de Barco Azul exigen mantener una distancia mínima de aproximación a los animales, reducir la velocidad de aproximación, limitar el tiempo de observación y evitar que se concentren varias embarcaciones en un mismo avistamiento. Todos los tours de esta página están certificados.